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El primer road-trip (y el mejor de todos), año 2004. - 1 -

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El primer road trip (y el mejor de todos) ocurrió en el año 2004, con 19 tiernos años y con la mejor compañía: mi primo Pifas, alias Dany, y dos españolas; Ana, a la que había conocido en un voluntariado un año antes en el sur de Francia y su hermana Cristina, que por entonces tenía 25 años y que nos veía a los 3 como lo que éramos, unos jovenzuelos acelerados que no deseábamos más que divertirnos y que poco sabíamos de la vida (o quizás ya sabíamos demasiado, dadas la felicidad y la energía permanentes que manejábamos por aquellos ya lejanos años).  La primera parada fue el AICM donde las recogimos. Nos hospedamos en casa de un muy querido tío que vive en "el Estado", cerca del lago de Guadalupe. Por la noche "mi tío" nos llevó a cenar unos deliciosos tacos callejeros y al día siguiente visitamos el Zócalo. Curioso que a falta de GPS también dimos un par de recorridos por Reforma (no sabía qué era Reforma ni su importancia) y por el Ángel de la Independencia (éste ...

El hombre es un gran faisán en el mundo (fragmento)

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La canción Los cerdos manchados del vecino gruñen ruidosamente. Forman una piara en las nubes. Pasan por encima del patio. El mirador está envuelto en una maraña de hojas. Cada hoja tiene una sombra. Una voz de hombre canta en la calle de al lado. La canción nada entre las hojas. "De noche el pueblo es muy grande", piensa Windisch, "y su final está en todas partes". Windisch conoce la canción: Una vez fui a Berlín, ¡Qué ciudad más bonita, tralalín! ¡Toda la noche, tralalán! El mirador crece hacia lo alto cuando hay mucha oscuridad. Y las hojas tienen sombra. Se eleva desde debajo del empedrado. Sobre un puntal. Cuando crece demasiado el puntal se rompe y el mirador se precipita a tierra. En el mismo lugar. Cuando llega el día, nadie nota que el mirador ha crecido y vuelto a caer.  Windisch siente el estirón sobre las piedras. Ante él hay una mesa vacía. Sobre la mesa, el terror. El terror está entre las costillas de Windisch. Lo siente colgar como una piedra en el b...

Sobre el concepto de lo bello en Asia Oriental

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(...) En Ocurrencias de un ocioso , Yoshida Kenko escribe: "¿Admiramos las flores del cerezo solo cuando están en todo su esplendor y la luna únicamente en un cielo sin nubes? Sobre todo, una rama cuyos brotes solo han comenzado a abrirse y un jardín cuyas flores se han caído ya, ofrecen mucho para contemplar. Ciertamente es bello mirar la luna llena, que brilla a millas de distancia, pero toca más profundamente el alma esperar el despuntar del día, hasta que la luna aparece lentamente e ilumina con su resplandor las cryptomerias en las montañas; luego cae de repente una suave lluvia y la luna se esconde un rato detrás de las nubes". Para la sensibilidad oriental ni la constancia del ser, ni la perduración de la esencia hacen a lo bello. No son ni elegantes ni bellas las cosas que persisten, subsisten o insisten. Bello no es lo que sobresale o se destaca, sino lo que se retrae o cede; bello no es lo fijo, sino lo flotante. Bellas son cosas que llevan las huellas de la nada, q...

Diario de plataformero (1)

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 29 de septiembre de 2019. No soy una persona fuerte. No soy valiente. Mi piel, como la de cualquier otro, es delgada y se rasga con facilidad. Imagino que al ser llamado al frente, a luchar por mi país, sería de los primeros en desertar o en evadir el llamado de la patria. El miedo muchas veces está relacionado con la ignorancia o con una percepción falsa de lo que es la realidad, de lo que son "las cosas". Para poner en riesgo la integridad propia hay que ser o muy idiotas o de plano estar comprometidos con una causa superior a la vida misma, con algún valor o alguna idea por la que valga la pena sacrificarse, como hacían los fanáticos del efímero Estado Islámico a quienes en vida se les prometió la violación masiva de mujeres prisioneras como incentivo a su reclutamiento y en el más allá un paraíso de fuentes cristalinas con nenúfares, manjares de todo tipo y decenas de doncellas vírgenes a disposición de cada yihadista. Matar o morir por una noble causa, por una ideología...

Derribar estatuas a mansalva.

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  Calzada Fray Antonio de San Miguel y acueducto de Morelia. Hace aproximadamente dos meses fue vandalizada, por representar supuestamente la opresión sufrida por los pueblos indígenas a manos de los españoles durante la época colonial, la estatua de Fray Antonio de San Miguel que está ubicada al inicio del acueducto de Morelia. Tres problemas encuentro a la iniciativa de esta gente de retirar la inocua estatua: La arrogancia de creer que nuestra moral es superior a la de hace 3 o 4 siglos y de querer juzgar toda época pasada, su situación histórica, social y económica, con principios y valores del siglo XXI. La ignorancia de apreciar sólo el lado negativo de lo que podría representar la estatua, sin estudiar o conocer lo que realmente pasó: ¿Fue Fray Antonio de San Miguel un opresor o fue más bien un benefactor en una época turbulenta de la ciudad? Aunque haya sido lo segundo, más que juzgarlo por sus méritos y sus errores, se lo juzga únicamente como símbolo del colonialismo espa...

Algunas reflexiones sobre la muerte

Cuando muere alguien que conocemos solemos, conmovidos por los recuerdos de los  momentos gratos que con esa persona compartimos, asumir de golpe que en esta vida nada tiene sentido, que todo es efímero y que, aunque nos parezca algo imposible, simple, repentina e injustamente, esa persona YA NO ESTÁ. Egoístamente pensamos en cómo sería un mundo sin nosotros y nos entristecemos aún más. Tendemos a reflexionar sobre lo frágil de la vida, sobre la poca importancia de todo aquello que con nuestra muerte no nos llevamos, lo material, y sobre el imperativo de disfrutar de cada instante, de aprender a ser felices a pesar de los pesares, de no guardarnos esos te quiero, te necesito, te extraño, perdóname, eres importante en mi vida, etcétera, antes de que la muerte agarre a alguien por sorpresa y sea ya demasiado tarde para todo. Somo viles y egoístas porque, aunque es inevitable pensar en la muerte propia, siempre es más fácil pensar en la muerte de algún ser ...

El hospital chino.

Ya estaba familiarizado con estos menesteres. Sabía que había que esperar mucho, mucho tiempo, y cuando finalmente me tocó el turno fue para que la doctora me despachara de vuelta al lugar de registro para que me dieran turno con el “especialista en hombres” (por su traducción literal del chino), mejor conocido como urólogo. El departamento de urología no es tan popular como el de medicina interna, así que esta vez no tuve que esperar tanto. Quienes aguardaban conmigo son hombres de mi edad o adultos mayores, valga el eufemismo. Todos con sus caritas de preocupación por el bienestar o el malestar de sus genitales, pobrecitos. Todos, menos yo. Lo mío es más bien cosa de una irritación por llegar de atrabancado a Beijing. Pronto me llamará el doctor y será explicarle, con peras y manzanas, lo ocurrido. Por lo pronto, aquí seguimos, en lo del urólogo, once and again, once and forever.